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JOHN KERRY Y AMÉRICA LATINA

El candidato presidencial del Partido Demócrata, senador John Kerry, ha preferido concentrar su campaña en los asuntos internos de los Estados Unidos, una fórmula que resultó exitosa en 1992 para el ignoto gobernador de Arkansas, Bill Clinton, ante el entonces presidente George Bush. Pero la política exterior, inevitablemente, es parte de la vida cotidiana en los EE.UU., dada la presencia de esta nación en Irak y Afganistán, así como por la amenaza constante de un nuevo atentado terrorista antes de los comicios de noviembre.

Un capítulo prácticamente inexistente en el programa de gobierno de John Kerry es el de América latina. Por un lado, no puede echar por la borda la política de tratados de libre comercio que impulsó Bill Clinton, en cuya administración ingresó México en el NAFTA, y que propició la creación del ALCA. Los más memoriosos recordarán que el entonces vicepresidente Al Gore debatió en la CNN, en el programa de Larry King, con el popu lista independiente Ross Perot, defendiendo la incorporación mexicana al acuerdo de libre comercio. Por otro lado, Kerry no puede desdeñar el importante apoyo de los gremios, partidarios del proteccionismo y que en el decenio de los ’90 se opusieron a la ampliación del NAFTA. Al inicio de esta contienda electoral, los gremios apoyaron al representante de Missouri, Dick Gephardt, notorio proteccionista del Partido Demócrata. Quien intentó captar votos con este discurso en las primarias demócratas, una vez que renunció Gephardt, fue el ahora compañero de fórmula de Kerry, el senador John Edwards, orador hábil de tinte populista.

Las promesas de Kerry para América latina, pues, no pasan de las trivialidades habituales, proponiendo inversiones que ayuden a pequeñas empresas y ONG –una nueva versión de la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy–, así como fortalecer a las democracias de la región. Para intentar satisfacer tanto a los votantes hispanohablantes como a los gremios, propone tratados de libre comercio con las naciones hispanoamericanas que contemplen aspectos de protección al medio ambiente y de legislación laboral, que supondrían normas que encarecen los costos de producción en países de bajos salarios. El interrogante es: ¿ambigüedad deliberada o confusión preocupante?

Publicado en INFOBAE el jueves 4 de agosto de 2004

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