En noviembre de 1989, tras la cruenta represión a los estudiantes que se manifestaron pacíficamente en las calles de Praga reclamando elecciones libres y el fin del régimen comunista en Checoslovaquia, los grupos opositores conformaron el Foro Cívico como vocero de la sociedad civil. Quien rápidamente asumió su protagonismo fue el dramaturgo y ensayista Václav Havel y luego presidente de la república-, uno de los más renombrados inspiradores de la Carta 77, una agrupación heterogénea y sin jerarquías que defendía los derechos humanos. Su impronta también se hizo sentir en el Foro Cívico, que se organizó como movimiento espontáneo, antijerárquico, conteniendo en su seno los más variados colores políticos. En la concepción de Havel, en la nueva Checoslovaquia el papel principal debía estar en manos de personalidades y no de estructuras partidarias, reunidas en torno a un programa de gobierno fruto del consenso y del debate. Esto era lo que se denominó la “política no-política” (nepolitická politika). Sin embargo, los pequeños partidos políticos actuantes en el seno del Foro Cívico se empeñaron en hallar un espacio propio, con el objetivo de cimentar un futuro sistema de partidos con un origen común en el FC. A pesar de estos esfuerzos, en la puja por las candidaturas del Foro Cívico quedaron relegados, habiendo sido favorecidos los candidatos con reconocimiento público escritores, artistas, economistas y juristas- y los que surgieron en las regiones y pequeñas localidades. De este modo, el FC no forjó un grupo de partidos políticos que habrían podido equilibrar la balanza de fuerzas internas con los sectores regionales que fueron adquiriendo vigor en pocos meses de existencia.
Un primer retroceso de la ilusión no-política fue el nuevo sistema electoral adoptado, puesto que se abandonó el sistema mayoritario de circunscripciones uninominales que hubiera favorecido a las personalidades-, a favor del régimen de representación proporcional, que fortalece a los partidos. Esto se debió a que la experiencia electoral polaca de 1989 indicaba que existían serias posibilidades de que el Foro Cívico hubiera podido ganar todos los escaños del parlamento con el régimen de circuitos uninominales.
El Foro Cívico triunfó cómodamente en los primeros comicios libres celebrados en junio de 1990, obteniendo el 50% de los sufragios en Chequia, en tanto el movimiento gemelo de Eslovaquia, la Opinión Pública Contra la Violencia, obtuvo el 30% en su territorio. A partir de este momento, se inició la disputa por el liderazgo interno del FC entre dos grandes corrientes: una, que contaba con la simpatía del presidente Václav Havel, que continuaba con la tradición de la Carta 77, no partidista y favorable a persistir con el movimiento no-político. La otra, encabezada por el entonces ministro de Finanzas Václav Klaus, que propugnaba que la reforma económica de inspiración liberal debía ser respaldada con firmeza por un partido político de centro-derecha. En la concepción de Klaus, tanto el mercado, como el parlamentarismo y los partidos políticos eran el fruto de una larga experiencia histórica basada en el ensayo y el error, resultados probados por un orden espontáneo de la sociedad para hallar los mejores mecanismos para la solución pacífica de sus conflictos, siguiendo el pensamiento de Friedrich A. Hayek. De modo que el retorno a la Europa occidental y democrática implicaba el resurgimiento de un sistema competitivo de partidos políticos, y no la continuidad de un movimiento no-político e ideológicamente heterogéneo, resultado de una elucubración de intelectuales.
Václav Klaus obtuvo un amplio respaldo interno en el Foro Cívico, ganando el apoyo de los nuevos segmentos políticos que estaban surgiendo en las regiones y localidades, que ignoraban las tradiciones no-políticas de la Carta 77 y que consideraban acertada la transición rápida hacia la democracia pluralista y la economía de mercado. Fue así como el Foro Cívico se dividió a comienzos de 1991 en el actual Partido Cívico Democrático (ODS), de Klaus, y el Movimiento Cívico (OH) de J. Dienstbier, a la sazón ministro de relaciones exteriores, que posteriormente desapareció.