López Göttig- Les agradezco que hayan accedido a esta conversación pública, para arrojar más luz sobre el contenido de la novela en la que ambos participan. Como autor de la misma, me tomo el atrevimiento con su consentimiento, por supuesto- de acudir a dos de sus personajes para que, juntos, procuremos enriquecer el diálogo con nuestros lectores.
Barros Jarpa- Mucho agradezco esta invitación, muy noble autor y creador, y en franco diálogo esperamos motivar a actuales y futuros lectores a profundizar en la noble historia de la gran nación que es, fue y será la República de San Bartolomé.
Hombre Insecto- Sí, también reconozco esta valiosa oportunidad que nos brinda para que, por intermedio de internet, pueda difundir la tan olvidada como sagrada causa de los insectos.
López Göttig- Bien sabe Ud., querido amigo Hombre Insecto, que simpatizo con los insectos en términos generales, más allá de mis naturales discrepancias con algunos miembros de su comunidad. Pero querría advertirle que no es ésta una tribuna de denuncia, sino que nos une el amor a la literatura.
Hombre Insecto- ¿Es la literatura un valor superior al de la vida de millones de gorgojos?
Barros Jarpa- Interrogante por demás interesante, y me inclino a ver con agrado su pasión entomológica.
López Göttig- Para satisfacer sus inclinaciones ecologistas, he incluido varios enlaces sobre la protección a la naturaleza. Allí, pues, pueden dirigirse todos los entusiastas por la vida digna de los coleópteros.
Hombre Insecto- No es suficiente. Mis congéneres continúan siendo aplastados impunemente y, con toda sinceridad, me cuesta creer que los insecticidas naveguen por dichas páginas en la internet.
Barros Jarpa- ¿Los insecticidas?
Hombre Insecto- Todo aquel que mata un insecto, es por definición un insecticida.
López Göttig- Ignoraba que fuera Ud. un aficionado a la filología, su observación es por demás acertada. Empero su sana indignación, supongo que comprenderá que su inclusión en La república de los sofistas es, precisamente, un sutil llamado de atención sobre los simpáticos insectos.
Hombre Insecto- Excesivamente sutil, para mi gusto.
Barros Jarpa- ¿Pone en tela de juicio mi protagonismo?
Hombre Insecto- Reconozca, don Arturo, que mi perfil es muy bajo en el desarrollo de la novela, aun cuando esto no signifique desmerecer su rol protagónico.
López Göttig- Comprenda que no todos los personajes pueden desarrollar con plenitud sus potenciales en tan pocas páginas. De otro modo, la obra hubiera comprendido varios tomos y, particularmente, dudo que algún editor encararía una tarea de tal magnitud.
Hombre Insecto- Como miembro de la mayoría silenciosa, no hago más que expresar un legítimo reclamo de varios personajes.
Barros Jarpa- ¿Como quiénes? Porque ninguno ha venido a mi despacho presidencial para tratar este asunto tan delicado. ¿Desconocéis, acaso, que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes? Como primer magistrado, me pongo al frente de esta voz que se alza vigorosa y que sale con pujanza de las mismísimas páginas de la novela, exigiendo al muy docto y distinguido don Ricardo Luis López Göttig, a redactar con premura una nueva y dilatada versión de La república de los sofistas con todos los tomos que se precisen, a fin de que cada uno de sus ciudadanos pueda expresarse acabadamente sobre todo aquello que estime pertinente. Es un deber, un derecho y una necesidad de los personajes, que el creador literario nos deje madurar en una trama rayana en lo infinito, aunque esto le exija el resto de su existencia y cincuenta tomos de edición.
López Göttig- Me parece que están exagerando un poco. Yo puedo comprenderlos y siento un enorme aprecio por cada uno de ustedes, puesto que son fruto de mi pluma. En todo caso, los invito a que esperemos a que se vendan algunos ejemplares más de esta novela y luego, contando con el visto bueno de los lectores, prosigamos en esta bella aventura.
Hombre Insecto- Promesas.
Barros Jarpa- No se ponga así, amigo escarabajo, después de todo es nuestro mentor y, como tal, le debemos gratitud y un poco más de crédito.
Hombre Insecto- Habla así porque es el protagonista, admirado por las mujeres y que, con sus embustes encantadores, siempre retorna como un héroe invencible.
Barros Jarpa- Reconozco, Hombre Insecto, que gracias a nuestro amado autor, seré recordado como presidente y no -como hasta ahora ocurre en Chile- como el nombre de un simple pero delicioso sandwich tostado de jamón y queso.
Hombre Insecto- ¡Y a mí me siguen echando fly! ¿Sabe que en el Registro Civil, en lugar de tramitarme el DNI, me ofrecieron DDT?
López Göttig- ¡Espantoso!
Barros Jarpa- Un escritor con sensibilidad escucha a los débiles, a los que sufren en silencio. Me imagino que lo incluirá como playboy en su próxima novela.
Hombre Insecto- Playinsect... Los laureles del medio ambiente se los llevan siempre los pandas, los delfines, los elefantes, las ballenas y los canguros, mientras a nosotros nos ignoran. ¿No somos, acaso, un peldaño esencial en el equilibrio ecológico?
López Göttig- Eh, ejem, les pido que no me comprometan así, en público, cuando no tengo ningún plan para ello. En fin, les ruego un poco de paciencia y discreción.
Barros Jarpa- Venerable escritor, te imploro que, a pesar de nuestras discrepancias y reclamos, tengas a bien incluir este debate en tu página en internet, a fin de invocar a los lectores a sumergirse con entusiasmo en las páginas de nuestra novela. Puedo afirmar que, con total convicción, hemos dado lo mejor de nosotros para que nuestras peripecias provoquen una sonrisa y una reflexión, esforzándonos en darle vida a una trama amena y con ingenio. Somos amigos del lector, buscamos una literatura amable y sana, que apele al alma recurriendo al humor y la inteligencia, dos buenos hermanos que jamás deberían separarse.